| El colegio Cambrils, centro concertado que se encuentra en Madrid, no obstante, destaca por sus iniciativas pioneras. «En un principio se trataba de niños que formaban parte de la educación normalizada —explica su directora, Marian Alvira— , y
la Fundación Ceprosa lo había montado como apoyo de las clases porque les resultaba muy difícil adaptarse. Me plantearon trabajar con ellos y acepté con la condición de que lo transformaran en un colegio».
El número de alumnos está limitado a tres decenas porque se requiere una atención absoluta y así se consigue un auténtico aire de familia. Hay niños con Síndrome de Down y otros a los que se conoce como TGD, que padecen trastornos generalizados del desarrollo, autismo y disfasias, entre otros.
«No se me olvidará nunca —explica Marian— la primera vez que una niña me miró con sus ojos rasgados tan limpios, tan alegres, y me preguntó con su lengua de trapo: “¿Por-qué-yo-zoy-cin-dro-medau?”. No lo decía porque se sintiera inferior. Lo preguntaba con curiosidad porque se consideraba igual a los demás. Aquí aprenden a asumir sus diferencias con una facilidad pasmosa. Por otra parte, su bondad innata y su nobleza les hacen acreedores de un cariño y de una ayuda sin límites».
Cuando llegan en la ruta todos entran a saludar a la directora con un cariño que llama la atención. «¿Qué tal el partido de ayer? Bueno, Guillermo, vaya paliza os dieron. ¿Y tú, Juan Luis? ¿Lo viste en el bar con tu padre?». Todos le cuentan emocionados sus experiencias entre risas. Los sonidos son palabras profundas que ella entiende, son ruidos que parece que nacen del alma y que las profesoras encauzan haciendo que terminen las frases. Hoy es el cumpleaños de Quique. El protagonista lleva pintada la cara con el número 16, una obra de arte elaborada con muchos colores para que a nadie se le olvide que los ángeles que sobrevuelan el mundo le han regalado un nuevo año para que sea feliz.
Equitación, golf y natación
«Hemos ido desarrollando innovaciones de gran interés, comenta la directora, sobre todo en el campo de integración, ya que todas las semanas practican equitación, golf y natación. Además de que estos deportes desde el punto de vista físico les ayudan enormemente, observamos que aumenta mucho su autoestima. Ellos saben que no son iguales que sus hermanos y no les van a aventajar nunca en matemáticas ni en lengua, pero cuando les ven que salen vestidos con sus cascos, las botas de montar y con sus palos de golf comentan a sus madres: “Mamá, yo quiero ir al colegio donde va Marta”. Una vez a la semana les llevamos al Golf Park y al Poney Club en
la Moraleja y les atienden voluntarias que lo hacen maravillosamente. Una me comentaba: “El día que estoy con ellos es el más feliz de la semana”. Consiguen encontrar ese punto que resulta tan difícil descubrir si no hay cariño. Es curioso porque jugando al golf tienen un swing que llama la atención. Las madres se quedan impresionadas cuando les ven».
Entre las técnicas más estimulantes para su rehabilitación se encuentra la equitación. Se aprovechan los movimientos tridimensionales del caballo para estimular los músculos y articulaciones y esto hace que se facilite una notable mejoría en el tono muscular, de deambulación y de coordinación. El paseo a caballo —«hipoterapia»— permite una entrada sensorial a través del movimiento variable, rítmico y repetitivo.
Está indicado para niños con Síndrome de Down, hiperactividad, autismo y distrofia muscular. A caballo se mueven todos los músculos del cuerpo y tiene importantes repercusiones en el cerebro. Les ayuda a superar el temor y además adquieren confianza y una gran capacidad de concentración.
Coordinación motora
Lo mismo sucede con el golf, que exige ritmo y coordinación de movimientos. «Les encanta, y vemos que mejora mucho su coordinación motora y el equilibrio. Quieren mucho a los caballos y se saben sus nombres... También les llevamos todas las semanas a clases de natación porque es otro modo de trabajo de respiración, y esto les ayuda mucho en el lenguaje».
En este colegio se les prepara para la vida. Los alumnos poseen una sabiduría interior que en muchas ocasiones descubre un alto grado de sensibilidad. Su mundo está lleno de luz y en ellos pervive esa rara intuición que se puede interpretar como la inteligencia de los sentimientos, el lenguaje del corazón. «Conocen perfectamente quién les quiere y quién les rechaza».
Comienza el día con la primera clase que recibe el nombre de «asamblea» en la que a través de divertidos dibujos se les explica las actividades que van a desarrollar y cada uno lo repite con el misterio infantil de sus propias palabras. Nadie puede imaginar lo costoso y conmovedor que puede resultar el simple hecho de explicar que van a «la-var-ze-dien-tez».
Las profesoras les aplauden y ellos las abrazan con los colores del mundo bailándoles en la mirada. «Ahora nos estamos encontrando con más frecuencia Síndromes de Down y al mismo tiempo autismo, que hasta ahora no estaban diagnosticados, comenta Marian. Gracias a esto se ha podido mejorar mucho porque la atención y la metodología están orientadas hacia un niño autista».
El colegio, un hogar
Para los niños, el colegio es un auténtico hogar. Cuando ya son mayores, continúan llamando a la directora. «Quieren vivir una vida independiente, distinta a la de sus padres, y cada uno se encuentra en una situación diferente. De hecho, nosotros tenemos algunos alumnos que viven en residencias unidas a su centro ocupacional. También hay otros que no se van nunca de su casa, como sucede en la vida misma. De todos modos, yo siempre insisto en que estos chicos se integran, no a través del aula, sino sobre todo a través de la familia... Los cumpleaños, las fiestas, el salir con los hermanos, con sus primos y las novias y novios de todos ellos, constituye el medio más natural para que se introduzcan en la sociedad».
Cada uno de estos niños vive en su propia historia muchas veces en el marco de una grandeza que pasa desapercibida. Inés, de 33 años y farmacéutica de profesión, tiene tres hijos y al ver la situación de abandono en que se encuentran tantas criaturas, su marido y ella decidieron adoptar un niño.
«No nos importaba que estuviera enfermo —explica—, y nos inscribimos en un programa de acogimiento especial. Un día nos llamaron y nos enseñaron a dos niños negritos, que eran hermanos y habían sido abandonados en las calles de Madrid aunque sus padres eran nigerianos. El mayor tenía dos años y parecía que su desarrollo era normal. El pequeño de un año era Síndrome de Down y en el centro de acogida le habían operado de una cardiopatía. Estábamos emocionados y nos quedamos con los dos. Cuando los llevamos a casa fue el día más alegre que hemos vivido. Nuestros hijos estaban locos de felicidad».
Comunicación con ancianos
La puerta se abre y aparecen un grupo de alumnos con una maceta de flores. Tienen un programa establecido con el vivero municipal Estufas del Retiro, donde cultivan las plantas que después se trasplantan a los jardines de Madrid. Cuando los pequeños les visitan les entregan a cada uno una Planta de
la Amistad. A continuación realizan una visita a los ancianos que atienden las Hermanitas de los Pobres y a cada uno le entregan una de estas plantas con un regalo.
«A todos nos emociona ver a estos niños con discapacidades, en algunos casos severas, que apenas hablan, ver cómo sonríen a los viejecitos y les dicen palabras de cariño. Y al revés. Es como si ambos tan desvalidos, tan frágiles, se necesitaran». Emociones, sentimientos encontrados, muchas alegrías, mucho dolor. Y cada vez más soluciones... y cada vez más esperanza.
Publicado en ABC.es el día 11/07/2008
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